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Participar en actos religiosos aumenta el vínculo social... y el umbral del dolor
¿Alivia el cuerpo y el espíritu el hecho de ir a misa? La práctica de rituales religiosos libera sustancias químicas que fortalecen los vínculos sociales e incluso aumentan el umbral de percepción del dolor, según un estudio realizado en Brasil y el Reino Unido.
Varias investigaciones demostraron que algunos opioides producidos de forma natural por el organismo, como la betaendorfina, desempeñan un papel fundamental en el apego social de los animales y en las relaciones sociales de los seres humanos adultos.
Estas "sustancias químicas del bienestar" se liberan cuando adoptamos determinados comportamientos, lo que posteriormente contribuye a que nos sintamos unidos a los demás, explica a la AFP Valerie van Mulukom, coautora de un estudio publicado esta semana en Proceedings of the Royal Society B.
En los monos esto ocurre especialmente durante las sesiones de acicalamiento, esenciales para la cohesión del grupo. Sin embargo, en las sociedades humanas de gran tamaño, las interacciones cara a cara no bastan para reforzar los lazos sociales entre cientos o incluso miles de personas.
Una teoría del biólogo evolutivo británico Robin Dunbar sostiene que "desarrollamos ciertos comportamientos que nos permiten producir las mismas sustancias químicas que en las interacciones cara a cara, pero a una escala mucho mayor", destaca Van Mulukom, investigadora en psicología de la universidad Oxford Brookes (Reino Unido).
"Estos comportamientos incluyen moverse de forma sincronizada (realizando espontáneamente los mismos movimientos), cantar juntos, hacer música juntos o saber que compartimos las mismas creencias", explica.
En este contexto, ella y sus colegas estudiaron los rituales religiosos en 24 investigaciones de campo realizadas con fieles en el Reino Unido y Brasil.
Repetidos cada semana, "los rituales religiosos reúnen todos estos comportamientos. Cuando se asiste a una misa, por ejemplo, todos se levantan al mismo tiempo, rezan juntos, al final se desean mutuamente la paz, escuchan y cantan juntos", señala la investigadora.
- Conectados con Dios -
En el Reino Unido, todos los participantes eran cristianos, aunque pertenecían a distintas confesiones (católica, anglicana, metodista y bautista).
En Brasil, los participantes practicaban el culto de la Umbanda, una religión afrobrasileña que combina el espiritismo, danzas y ritmos rituales africanos con oraciones e imágenes católicas.
Los participantes respondieron un cuestionario antes y después del servicio religioso sobre su sentimiento de pertenencia al grupo, que incluía preguntas como: "Pensando en todas las personas presentes, ¿hasta qué punto confía usted en los demás miembros de este grupo?"
Puesto que es imposible medir directamente la producción de opioides sin recurrir a procedimientos invasivos, y dado que estas sustancias actúan como analgésicos, los investigadores utilizaron un método habitual en los estudios experimentales: emplear el umbral del dolor como indicador indirecto.
Para ello, inflaron lentamente un manguito de presión -como los utilizados para medir la presión arterial- alrededor del brazo de cada participante antes y después del servicio religioso, hasta que este indicara sentir una "molestia importante".
El resultado fue que, tras el ritual, el sentimiento de vínculo social era mayor que antes, al igual que el umbral del dolor. También aumentó ligeramente el afecto positivo (emociones agradables como la alegría, la serenidad y el placer), mientras que el afecto negativo disminuyó.
"Observamos que cuanto más conectadas con Dios se sentían las personas durante el ritual, más les ayudaba a crear vínculos con los demás", destaca Van Mulukom.
Más allá de las actividades sincronizadas, "hay algo en las creencias que estas personas integran en su identidad que las une con mayor fuerza", subraya.
"Del mismo modo que, si participo en una manifestación contra los combustibles fósiles porque coincide con mis creencias y mis principios, probablemente me sentiré más unido a los demás manifestantes que en un concierto, aunque en este último seguramente me mueva y cante de manera mucho más sincronizada con el resto", concluye la investigadora.
A.Ruiz--AT