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Inflación, apagones y menos miedo: la vida en Venezuela sin Maduro
A casi ocho meses de la caída de Nicolás Maduro, la sensación para muchos venezolanos es agridulce. Celebran su captura y una brisa de libertad, pero sienten que la crisis que pulverizó salarios y obligó a millones a migrar continúa.
Marbelis Daliz y su esposo Arlindo Da Silva tienen una tienda de repostería donde lidian con una asfixiante inflación y cortes eléctricos por el colapso de los servicios, males crónicos del país con las mayores reservas de petróleo del mundo.
"Después del 3 de enero tuvimos una expectativa y una felicidad que decíamos ya, Venezuela cambió", cuenta Marbelis a la AFP mientras prepara con prisa una pavlova para un cliente con el temor de que un apagón la deje a oscuras.
Pero "lamentablemente la realidad nos aplastó", añade.
Sus ganancias apenas cubren los costos, pero se niega a rendirse. "La economía es un desastre", afirma esta repostera de 54 años, aunque aún no pierde las esperanzas de un cambio real.
La economía venezolana sufre desde 2019 una dolarización de facto ante la descomunal devaluación de su moneda.
Con la tutela estadounidense del país muchos esperaban una lluvia de dólares, pero la inflación anual en bolívares se acerca al 575%.
También es alta la inflación en dólares pero no hay cifra oficial para 2026. El año pasado fue de 35%.
A los venezolanos los siguen "matando los aumentos de precios", cuenta Zaida Mujica, una activista social de 61 años.
Tenía "muchas esperanzas" sobre lo que haría Estados Unidos tras derrocar a Maduro. Pero "se llevaron al dictador y no a la dictadura (...) No ha pasado nada que beneficie al pueblo", lamentó.
Tras la caída de Maduro, la presidenta interina Delcy Rodríguez, que gobierna bajo fuerte presión de Washington, impulsó una reforma a la ley de hidrocarburos y nueva legislación para la minería, con el objeto de atraer inversión externa.
Pero el venezolano de a pie sigue atado a precarios salarios en un país donde la canasta alimentaria se ubicó en julio en más de 700 dólares, según el centro de estudios Cendas.
Rodríguez ajustó en abril en 240 dólares el ingreso de los trabajadores del gobierno, pero el salario mínimo es de apenas 130 bolívares mensuales, unos centavos de dólar.
La producción diaria de petróleo de Venezuela aumentó casi 29,8% desde enero, según cifras oficiales.
"Un cambio político era importantísimo, necesario, pero no es suficiente para generar estabilidad y crecimiento macroeconómicos", dice José Manuel Puente, académico del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA).
El experto considera que mientras el país mantenga "la inflación más alta del mundo" no habrá bienestar.
- "Estamos sobreviviendo" -
Cuando las fuerzas estadounidenses capturaron a Maduro tras bombardear Caracas y zonas aledañas, Javier Chacón y su esposa Delia, ambos costureros de 44 años, celebraron puertas adentro, temerosos de la represión que marcó sus 13 años de mandato.
"Lógicamente pensamos que iba a haber un cambio", cuenta Javier a la AFP en Quinta Crespo, un mercado popular de Caracas. Pero todavía "estamos sobreviviendo", asegura.
Para colmo de males, dos terremotos el 24 de junio que dejaron más de 6.500 muertos y cientos de edificios en ruinas agravaron la situación, en especial en La Guaira, destino turístico vecino de Caracas que fue devastado.
El apartamento de Carmen Ramírez, comerciante de 40 años que vende artículos de aseo en una plaza de Caracas, sufrió daños.
"Tienes que salir y seguir luchando", se consuela mientras acomoda su mercancía en la parte trasera de su camioneta que usa como vitrina y almacén.
- "El monstruo sigue vivo" -
Marbelis Daliz palpa un cambio: la pérdida del miedo luego de una época de silencio marcada por arrestos masivos tras la reelección de Maduro en 2024, que la oposición denunció como un fraude.
En su local impregnado por el olor de pasteles de cambur recién horneados celebra que ahora la gente se atreve a protestar.
"Yo no me atrevía ni a colocar un post sobre política en Instagram, ahora sí, ahora pongo ¡qué chévere que Maduro se fue!", señala.
Desde hace meses, maestros, trabajadores de la salud, familiares de presos políticos e incluso militantes de izquierda se manifiestan en plazas públicas.
Además, se inició un diálogo político entre el gobierno interino y un sector opositor auspiciado por Washington con miras a una transición democrática.
Sin embargo, para venezolanos como Jerry Ostos, expreso político de 56 años liberado en marzo, el miedo sigue latente. El gobierno "sigue manteniendo presos por opinar distinto", señala.
Purgó dos años de cárcel por mostrar una pancarta con un mensaje contra Maduro y debe presentarse a tribunales cada mes porque el expediente por magnicidio sigue abierto.
El gobierno dice haber excarcelado a 1.046 presos políticos desde enero, pero según la ONG Foro Penal casi 400 siguen tras las rejas.
"El monstruo todavía está vivo", dice Ostos.
G.P.Martin--AT