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Pakistán celebra un año sin casos de polio, pese a la desconfianza hacia las vacunas
Bajo el sol resplandeciente del alba, en el noroeste de Pakistán, Sadria Hussain toma una heladera llena de vacunas antipolio. Vigilándola a ella y a su colega, un policía con fusilmira hacia el horizonte.
Comienzan un recorrido puerta a puerta en los suburbios de Mardan, para convencer a los padres de que permitan suministrar a sus niños las gotas rosadas y amargas de la vacuna contra la poliomelitis, un virus que invade el sistema nervioso central y puede causar una parálisis irreversible.
Pakistán es uno de los dos únicos países en el mundo, con Afganistán, donde el virus de la polio sigue siendo endémico. Pero celebra este jueves, por primera vez en su historia, un año sin que se haya registrado ningún caso.
La última infección en Pakistán, país de 220 millones de habitantes, se remonta al 27 de enero de 2021.
Para que la enfermedad se considere erradica son necesarios tres años sin casos.
Pero en un país donde la vacunación choca con las sospechas persistentes y donde los ataques contra equipos encargados de vacunar los niños son frecuentes, superar el año ya es un éxito.
En la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, donde está Mardan, los vacunadores son a veces atacados por los militantes del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), los talibanes paquistaníes.
"La vida o la muerte, está en las manos de Dios", dice Sadria, caminando entre un laberinto de casas de altos muros. "Tenemos que venir", dice ella a la AFP con aire desafiante. "No podemos renunciar solo porque es difícil", agrega.
- "Objetivos fáciles" -
El TTP, un movimiento distinto de los talibanes afganos pero que comparte con ellos raíces comunes, hundió a Pakistán en un periodo de intensa violencia tras su formación en 2007.
Mató en menos de una década a decenas de miles de civiles paquistaníes y miembros de las fuerzas de seguridad, y controló las zonas tribales del noroeste en la frontera con Afganistán, antes de ser desalojado a partir de 2014.
El TTP se recuperó a partir del verano 2020 y, animado por el retorno al poder de los talibanes en Afganistán, aumentó después los ataques en Pakistán, menos sangrientos que en el pasado y principalmente contra las fuerzas de seguridad.
Los policías que acompañaban a los equipos de vacunación contra el polio son considerados víctimas. El martes, uno de ellos fue asesinado en Kohat, 80 km al suroeste de Mardan.
Según la prensa paquistaní, más de 70 vacunadores antipolio han muerto desde 2012, principalmente en Khyber Pakhtunkhwa.
Un portavoz del TTP afirmó sin embargo a la AFP que el movimiento nunca atacó a vacunadores y que su objetivo son las fuerzas de seguridad. "Serán objetivo donde se encuentren y trabajen", dijo.
"Son objetivos muy fáciles", admite Habib Ullah Arif, principal responsable administrativo en Mardan.
Según él, la lucha contra el virus se entremezcla con los militantes islamistas. "Hay una sola idea: venceremos la polio, venceremos el militantismo", señaló.
- "Una situación compleja" -
Campañas de vacunación existen desde 1994 en Pakistán. Cerca de 260.000 vacunadores son empleados, y las campañas con lanzadas regularmente por regiones.
Pero la desconfianza hacia los equipos médicos es a veces común en zonas rurales. "En algunos lugares de Pakistán, la vacunación era considerada como un complot occidental", señala Shahzad Baig, jefe del programa nacional de erradicación.
Las teorías difundidas por religiosos ultraconservadores, son múltiples: que los vacunadores son espías, las vacunas causan infertilidad o contienen cerdo, que está prohibido por el islam.
La primera idea fue alimentada por la organización de una falsa campaña de vacunación por la CIA para hallar al jefe de Al Qaida, Osama bin Laden, muerto en 2011 en Abbottabad (norte).
La frontera porosa con Afganistán, donde el TTP tiene sus retaguardias, favorece también la circulación del polio. "En lo que respecta al virus, Pakistán y Afganistán son un país", constata Baig.
En Mardan, los diez equipos de dos vacunadoras y un policía armado siguen trabajando puerta a puerta. Marcan con tiza la fecha de su paso y mojan los dedos de los niños en tinta indeleble para señalar que son vacunados.
"El temor está siempre presente en nuestra mente, pero debemos hacer algo por nuestro país", dice Zeb-un-Nissa, una vacunadora. "Debemos erradicar esta enfermedad".
A.Moore--AT