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Lágrimas y desesperación ante un camping reducido a cenizas en España
Magaly Vargas solloza mientras mira fijamente el cuadrado de ceniza gris donde antes estaba su caravana, al oeste de Madrid donde el fuego arrasó con todo.
"Es donde yo estaba viviendo. No queda nada. Desolador", dice a la AFP entre lágrimas.
A su alrededor, tejados de chapa arrugada y barras de metal retorcido sobresalían de las ruinas del camping Pantano del Burguillo, destruido por el peor incendio forestal registrado en España.
Más de 30 personas fueron desalojadas del lugar, a orillas del embalse de Burguillo, cuando las llamas se acercaban el viernes. Entre ellas estaba Vargas, responsable de relaciones públicas del camping de 64 años.
En total, decenas de miles de personas tuvieron que abandonar sus hogares en toda la región.
"Esto es una casa, eso era una 'mobile home' (casa móvil), con una terraza, una cocina y su jardín", dice la copropietaria del camping, María Ángeles Cañete, de 54 años, señalando los restos de las estructuras cuyas paredes de plástico se derritieron y desaparecieron en el infierno.
Junto con su esposo, Manuel Pascual, de 58 años, era dueña de este y de otro camping cercano. Ambos quedaron destruidos. "Hemos perdido todo", dice Cañete, conteniendo las lágrimas. "No tenemos nada".
- Huida en barco -
Cuando el fuego se acercaba el viernes, Cañete y Pascual huyeron en barco por el embalse.
"Los árboles se empezaron a llenar de lumbre, de llamas", recuerda la mujer. Luego "se empezó a oír ya como las bombonas (de gas) iban explotando", señala.
Regresaron más tarde y encontraron todo el campamento reducido a cenizas, platos y ollas de porcelana hechos añicos entre las brasas.
"No duermo por la noche, no puedo dormir", confiesa Cañete. "Es un recuerdo horroroso, esto es lo peor que te puede pasar en la vida (...) ver tu negocio que se está quemando poco a poco y nadie viene a ayudarte".
En las laderas alrededor del lugar se extendían hectáreas de tierra quemada, rocas y pinos, con casas y casetas calcinadas, sus paredes y ventanas totalmente chamuscadas.
Columnas de humo gris salían del suelo y un penetrante olor a humo flotaba en el aire.
En un camino que sube la colina desde el embalse, una cría de ciervo yacía muerta, las patas extendidas, el pelo quemado, la lengua colgando fuera de la boca.
En el cercano pueblo de El Barraco, los bomberos con sus monos sucios retomaban fuerzas en una cafetería, agotados tras trabajar toda la noche.
- Olivos arrasados -
En otra zona de esta parte oriental de la región de Castilla y León, limítrofe con la región de Madrid, algunos vecinos regresaban a sus pueblos tras las evacuaciones de la semana pasada.
David Sánchez, decorador de 48 años, volvió al trabajo en el pueblo de Cebreros el lunes, después de pasar dos noches en casa de su hermano en otro pueblo.
El cielo seguía cubierto de humo blanco. Las cenizas caían y se posaban sobre los coches. A las afueras del pueblo, la vegetación seca humeaba junto a la carretera.
Sánchez tenía una pequeña parcela donde cultivaba olivos y pistachos, ahora completamente arrasados por las llamas.
"A limpiarlo y a volver a plantar y ya está. Es una mierda, la verdad", dice. "Y es que volvió a activarse el fuego ahí abajo", en el valle, donde los vecinos trabajaban para extinguir las renovadas llamas, añadió.
Su compañero de trabajo, Óscar Espinosa, de 20 años, contó que se fue del pueblo el jueves pero regresó el viernes y salió al bosque para ayudar a frenar el avance del fuego despejando el terreno con herramientas.
"Esto es un infierno porque se nos está quemando todo", dice.
- "Ganas de vacaciones" -
Hacia el este, en la histórica localidad de El Escorial, un camping más grande reabrió el lunes después de haber tenido que evacuar a 5.000 huéspedes. Los veraneantes hacían cola en recepción.
"Mucha gente está llamando porque ven en las noticias precisamente que ya volvimos a abrir" y "vienen con ganas de vacaciones", señala Miguel Gil, que regenta la tienda de regalos del camping.
En Pantano del Burguillo, a María Ángeles Cañete le cuesta ser igual de optimista.
"Era un camping muy bonito, era un camping que era familiar y un camping que se estaba muy a gusto durante todo el año", lamenta.
M.White--AT