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"Bienvenidos a Ciudad Carpita": la vida en refugios tras los sismos de Venezuela
"Bienvenidos a Ciudad Carpita", se lee en un letrero junto a una bandera de Venezuela en la entrada de un campamento de damnificados por los terremotos en el devastado estado de La Guaira.
Resignadas a lo que será una larga espera, las familias comienzan a organizarse en tiendas de campaña en este improvisado refugio en La Guaira, la zona cero de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela el 24 de junio y dejan ya 5.069 muertos.
"Tenemos que salir adelante, tenemos que agradecer que tenemos una oportunidad", dice a AFP Hengelbert Bello, de 38 años, quien perdió varios familiares en los sismos. "Pero con un propósito hacia adelante, mente clara, (se puede) continuar la vida y ayudar a los que nos quedan", asegura.
Vivía con su familia en Gran Cacique Mare Abajo, un conjunto residencial de unos 1.000 departamentos construidos por el gobierno de Hugo Chávez (1999-2013), arrasado por los terremotos.
Desde entonces, se mudó a la playa de enfrente junto con sus vecinos. Entre las hileras de carpas, estos refugiados se afanan en las labores domésticas al aire libre, mientras dos niñas se bañan en el mar.
Comparten neveras y cocinan con bombonas de gas en grandes ollas comunes. También alquilan lavadoras portátiles por 5 dólares.
"En medio de lo que nos está pasando, debemos hacer lo que se pueda para mantener las cosas limpias y ordenadas (...) Si Dios nos dio una oportunidad más, (hay que) seguir adelante", dice Eunice Hernández de 45 años, madre de dos adolescentes.
- "Muchos sueños se quedaron" -
Los aparatos eléctricos funcionan gracias a un cable conectado a un poste del alumbrado público, aunque el suministro de energía falla muchas veces.
Las autoridades envían diariamente un camión cisterna para que llenen de agua sus tanques portátiles de manera gratuita.
De acuerdo con cifras oficiales más de 21.000 personas afectadas por los sismos viven en campamentos en Caracas y en La Guaira. En muchos casos carecen de suficiente agua y baños portátiles.
Médicos desplegados en hospitales de campaña en la zona tratan de impedir que se propaguen enfermedades respiratorias e intestinales.
Al menos 185 edificaciones se desplomaron en La Guaira y cerca de 900 quedaron afectadas, según cifras oficiales.
Varios de los edificios que estos damnificados habitaban se partieron en dos y se desplazaron varios centímetros hacia atrás debido a los potentes sismos.
"Cada vez que vengo me da nostalgia porque nadie quiere pasar por esto", contó entre lágrimas el barbero Ramón González, de 42 años, al mostrar cómo quedó la torre donde vivía.
El día de los terremotos murió una adolescente que iba a celebrar su fiesta de 15 años. "Se me rompe el corazón porque ella era como mi hija (…) Muchos sueños se quedaron aquí", agregó.
González lamenta haber perdido el hogar en el que vivía con su esposa y sus cuatro hijos. Ahora comparten el refugio con dos personas mayores que no tienen familia.
S.Jackson--AT