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Torturado por "vampiros", un francés narra su calvario en las cárceles de Venezuela
El francés Camilo Castro pasó un "calvario" de cinco meses en una cárcel de Venezuela, donde fue acusado de espía y estuvo constantemente amenazado de tortura por sus "vampiros" carceleros.
En libertad desde noviembre, este profesor de yoga de 41 años cuenta a la AFP ese tiempo "de asco, odio y rencor", pero "también de amor, de esperanza, de compasión con todo un pueblo".
"Hoy estoy bien, pero mañana no. Puede ser que en 30 segundos me ponga a llorar. Resisto gracias a la meditación, al amor de mis amigos y de mi familia", dice desde la periferia de París.
Decidió hablar para tratar de ayudar a "los cientos de venezolanos que aún están presos".
La Corte Penal Internacional investiga posibles crímenes de lesa humanidad cometidos en Venezuela durante el gobierno de Nicolás Maduro, al tiempo que Naciones Unidas ha denunciado "detenciones arbitrarias" y casos de "torturas y desapariciones forzada".
Maduro fue depuesto el 3 de enero durante una incursión militar de Estados Unidos. Delcy Rodríguez heredó el poder y, bajo presión de Washington, impulsa una amnistía general que abarque los 27 años de la era chavista.
- Manchas de sangre -
En 2025, Camilo Castro vivía en Colombia. Intentó renovar su visa de estadía saliendo del país para luego volver a ingresar. Llegó a la frontera con Venezuela "el 26 de junio al amanecer" y quedó detenido. "Comenzó el calvario".
"Hombres encapuchados" lo llevaron en auto a Maracaibo (oeste). "Me metieron en un subsuelo, una cárcel construida en un estacionamiento. Pasé allí toda la noche, entre paredes llenas de humedad, baños en un estado lamentable con montones de cucarachas, heces acumuladas durante meses", describe.
Nota que hay "muchas manchas de sangre en las paredes", además de una mesa "con diferentes objetos de tortura, botellas de agua, trapos, bolsas plásticas, gas lacrimógeno, insecticida".
"Al día siguiente me someten a interrogatorio con un agente de la DGCIM (contrainteligencia militar) que me impresiona mucho. Me dice que no se cree el cuento del profesor de yoga que vive en Colombia. Me dice que voy a pasar muchos años preso, que soy un espía", refiere.
"Me dice que tiene la forma de 'abrirme' y que le pagan para eso", narra Castro, a quien rociaron escopolamina, una sustancia utilizada para la sumisión química.
Luego, es trasladado por carretera hasta la sede de la DGCIM en Caracas.
Allí queda detenido "en un sótano, en el piso. Esposado y encapuchado" todo el tiempo. Al cabo de cinco días le ofrecen "salir al sol". Es "uno de los más hermosos recuerdos de mi vida", afirma.
Pero la tregua apenas dura un instante. Enviado a la cárcel del Rodeo 1, a las afueras de Caracas, donde hay decenas de detenidos políticos y muchos extranjeros, al principio siente alivio porque no mandan los criminales.
"'Aquí todos somos como tú, a todos nos secuestraron, sabemos por lo que acabas de pasar, nadie te va a hacer daño, aquí no hay delincuentes'", le dice uno de los presos.
El día a día es difícil, con poca comida y enfermedades. "Todo el tiempo teníamos diarrea, infecciones en la garganta y en los pulmones. No teníamos baños (sino un hueco en el piso) y nos daban agua solo dos veces al día. Permanentemente había un olor que no se iba", recuerda.
Castro dice que entró en un "mundo del absurdo" en el que la música folklórica venezolana sonaba "a volumen muy alto" y varias veces a la semana se difundía propaganda de inspiración socialista durante dos y hasta cinco horas.
- Tortura en la noche -
"Muy a menudo nos humillaban en la noche. Nos sacaban a todos en fila india, esposados y con capucha. Nos insultaban", evoca Castro.
Los interrogatorios, las consultas médicas, los "falsos juicios", todo se hacía de noche.
"Son verdaderos vampiros. Lo hacen para quebrarnos (...) nunca se puede descansar de verdad". "Se pierde toda noción de libertad, de responsabilidad, de autonomía. Te deshumanizan", reflexiona.
Durante los simulacros de juicio, "un juez que parecía un vendedor de drogas" lo acusa de "terrorismo", de ser "agente de la CIA, de la DEA" y de colaborar con conspiradores.
También fue sometido a interrogatorios con polígrafo en los que le repetían "las mismas cuatro preguntas durante horas".
Y constantemente pesaba sobre él el riesgo de ser "castigado" en el cuarto piso, donde los presos eran "esposados, a menudo desnudados, no había colchonetas, había que dormir en el piso".
"En esas celdas de castigo, muchas veces se torturaba a la gente", con palizas. Se les aplicaba "asfixia con gases lacrimógenos" o con insecticida en una bolsa plástica en la cabeza, en medio de "risas y humillaciones verbales", refiere Castro.
"Otra penitencia posible era la intubación forzada (por la boca) con el pretexto de alimentarte. Tubos en la nariz, en el ano... Soldados y también los directores participaban con un cierto placer en esas torturas", relata.
En un momento, Castro quiso protestar para que le permitieran tener los libros que le ofrecía el consulado de Francia. Pero el consejo de otro hombre que llevaba 20 años preso le hizo cambiar de opinión. "Me dijo: 'Te van a torturar. En un minuto te destruyen el cuerpo, y en cinco minutos destruyen la existencia. Olvídate de los libros, están escritos, podrás leerlos un día. Sé inteligente'".
Camilo Castro ha pedido ser reconocido como víctima en Francia. Pero dice también que quiere volver a Venezuela, lugar del cual tiene "evidentemente, malos recuerdos", pero al cual ya quedó "unido".
T.Perez--AT