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Paradoja del Sol Peruano
La moneda peruana, el sol, cerró 2025 como una de las divisas más fuertes de América Latina y mantuvo su impulso en el arranque de 2026. Datos oficiales muestran que el tipo de cambio cayó alrededor de 10 % el año pasado, llevando la cotización a unos 3,36 soles por dólar. El fortalecimiento de la moneda local se explica por un contexto internacional en el que la debilidad del dólar coincidió con precios récord de cobre y oro, exportaciones históricas y una balanza comercial con superávit superior a US$30 000 millones. El comienzo de operaciones del Puerto de Chancay en noviembre de 2024 también incrementó el flujo de divisas: en su primer año movió 286 255 TEU, generó US$900 millones en exportaciones y redujo a la mitad los tiempos y costos de envío hacia Asia.
Las cifras alimentan la sensación de éxito. La inflación se mantiene en 2 %, el crecimiento ronda el 3 % y el Banco Central de Reserva (BCR) mantiene la tasa de referencia en 4,25 % con expectativas de inflación ancladas. Las entradas de divisas abaratan las importaciones y dan alivio a los deudores en dólares. Para los consumidores peruanos, la apreciación significa precios más bajos y un poder de compra reforzado. Sin embargo, este mismo éxito tiene un costado oscuro: al recibir menos soles por cada dólar exportado, los márgenes de los exportadores tradicionales y de agroindustria se estrechan. Sectores como la agroexportación, la pesca y el turismo enfrentan una pérdida de competitividad; incluso las remesas familiares pierden valor.
Economistas advierten que el impulso del sol no se debe únicamente a factores productivos. La entrada masiva de dólares por exportaciones de metales, capitales especulativos e incluso flujos ilícitos ha generado un exceso de oferta de divisas. El BCR ha intervenido comprando más de 2 300 millones de dólares en 2025 y US$53 millones en enero de 2026 para evitar una apreciación desordenada. Aun así, la presión a la baja continúa: proyecciones privadas sitúan el tipo de cambio entre 3,30 y 3,45 soles por dólar para finales de 2026. La fortaleza de la moneda favorece a importadores, pero expone a la economía a la volatilidad de los precios internacionales y a la amenaza de una “enfermedad holandesa” que erosione el tejido productivo.
El éxito del sol también está marcado por desigualdades internas. El auge del puerto de Chancay, construido por una empresa estatal china, ha convertido al Perú en nuevo hub logístico del Pacífico, pero no ha evitado que 29 % de la población local carezca de agua potable y 70 % de conexión a Internet. Mientras el puerto moviliza millones en comercio, las comunidades cercanas quedan rezagadas en infraestructura básica. Además, la bajada de los fletes marítimos —de US$5 000 a menos de US$2 000 por contenedor— abre oportunidades para las micro y pequeñas empresas exportadoras de superalimentos, textiles de alpaca o artesanías, pero solo si cuentan con capacidad de asociarse y acceder a financiamiento. Esta paradoja refleja que el éxito macroeconómico no se traduce automáticamente en bienestar territorial.
La incertidumbre política que acompaña a las elecciones generales de 2026 añade otro elemento de riesgo. Históricamente, los procesos electorales generan depreciación temporal del sol, y los analistas prevén episodios de volatilidad en la primera mitad del año. La posible aprobación de normas de gasto que comprometan la sostenibilidad fiscal o la amenaza a la independencia del BCR podrían ahuyentar inversiones. Por otra parte, cambios en la Reserva Federal de Estados Unidos, como la llegada de un nuevo presidente, podrían fortalecer el dólar y moderar el ciclo de apreciación.
Para evitar que el sol “muera de éxito”, expertos recomiendan diversificar la matriz productiva, impulsar la formalización del empleo y aumentar la productividad en sectores no tradicionales. También señalan la necesidad de invertir en infraestructura social en las zonas vinculadas al comercio exterior, garantizar la independencia de las instituciones económicas y mantener una política fiscal prudente. El puerto de Chancay y el superávit comercial ofrecen una oportunidad única para financiar reformas estructurales y fortalecer la competitividad. Si el Perú logra equilibrar estabilidad macroeconómica con desarrollo inclusivo y diversificación, el sol podría seguir brillando sin convertirse en víctima de su propia fuerza.
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