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Una inmersión entre dos continentes en Islandia
Situada entre las placas tectónicas norteamericana y euroasiática, en la encrucijada de dos continentes, la Falla de Silfra, en Islandia, es uno de los lugares de buceo más famosos del mundo, popular entre los turistas que se aventuran en sus aguas heladas cada verano.
En el corazón del Parque Nacional de Thingvellir, al borde de uno de los mayores lagos de Islandia, los corredores de roca sumergida forman profundas cavidades entre los dos continentes, que se alejan el uno del otro unos dos centímetros cada año.
Los reflejos anaranjados se mezclan con varios tonos de azul en la grieta de más de 60 metros de profundidad.
La arena beige y el verde fosforescente de las algas completan la paleta de colores.
La falla y todo el valle circundante se encuentran en la dorsal mesoatlántica, que atraviesa Islandia, lo que la convierte en una de las zonas volcánicas más activas del planeta.
Silfra se formó por un terremoto hace más de dos siglos y sus aguas claras proceden del deshielo del glaciar Langjökull.
Con una duración de varias décadas, recorre un túnel de acuíferos subterráneos de unos 50 kilómetros de longitud.
"Este sistema de filtración a través de las rocas volcánicas (...) nos proporciana un agua súper clara", explica a la AFP Thomas Gov, un instructor de buceo francés.
- 2 a 3 grados -
La visibilidad bajo el agua puede superar los 100 metros y el espectáculo de luz y oscuridad es hipnótico.
"Cuando entramos en el agua, fue...", dice Brynjólfur Bragason, uno de los pocos islandeses entre los turistas presentes, sin lograr terminar su frase. "Increíble", añade su esposa Hildur Orradóttir.
Antes de entrar en el agua, hay que ponerse un traje de neopreno, guantes, gafas y aletas.
Este equipo permite mantenerse seco y flotar tranquilamente en la superficie en aguas de entre 2°C y 3°C durante todo el año.
Sólo se mojan una parte de la cara y las manos.
"Se nota enseguida en los labios: se entumecen al cabo de un rato y se siente como un hormigueo", dice Ian Zavatti, de 13 años.
"El agua nos entra en las manos, pero no es tan terrible, es soportable", añade el adolescente neoyorquino.
El snorkel es la actividad más popular, pero los más experimentados y certificados pueden bucear con una botella hasta una profundidad de 18 metros.
E.Rodriguez--AT