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Un sobreviviente del campo nazi de Buchenwald recuerda su liberación 80 años después
Jacques Moalic, un experiodista de la Agence France-Presse (AFP), recuerda con detalle a sus 102 años la liberación del campo de concentración nazi de Buchenwald por tropas estadounidenses el 11 de abril de 1945.
En un encuentro con la AFP, donde trabajó durante 40 años tras la Segunda Guerra Mundial, el sobreviviente explica sus últimos meses en Buchenwald.
Unos 56.000 judíos, gitanos, homosexuales, presos políticos y prisioneros soviéticos murieron allí entre 1937 y 1945. Otros 20.000 más lo harían en el campo "anexo" de Mittelbau-Dora.
Moalic era un joven combatiente de la Resistencia en 1943 cuando fue detenido y forzado a subir a un tren. Intentó huir saltando del convoy, pero fue capturado.
En diciembre de ese año, lo llevaron a Buchenwald, situado en una colina próxima a la localidad alemana de Weimar y acabó en el barracón 34.
En el infierno del campo de concentración, los prisioneros depositaron sus esperanzas en las fuerzas aliadas, que desembarcaron en las playas de Normandía el 6 de junio de 1944.
- Traslado a Ohrdruf -
La liberación de París en agosto de 1944 les levantó el ánimo.
"En los campos, la gente recobró el valor. Se decían, seremos libres en Navidad. Yo no me lo creía mucho y tenía razón", recuerda Moalic, en su apartamento de París.
Al ver que las tropas aliadas no habían llegado a finales de año, muchos empezaron a perder la esperanza.
En enero de 1945, fue trasladado al campo de concentración de Ohrdruf.
"En enero, creo que fue el día 8, nos reúnen de forma inesperada. El oficial de la SS pasa entre las filas anotando los números. Entre 800 y 900 de nosotros íbamos a partir hacia un campo que nadie conocía", recuerda.
Al futuro corresponsal de AFP en el Congo, Argel y Hanói le aconsejaron que intentara que le quitaran de la lista si quería vivir.
"Pero yo estaba en ella y no había escapatoria. Acabamos en Ohrdruf", subraya.
Allí obligaban a los prisioneros a cavar túneles subterráneos "día y noche" y Moalic pensaba que moriría.
"Me dije: Si me despiertan a las cuatro o cinco de la madrugada y regreso a las diez de la noche, duraré 15 días... Por primera vez pensé que quizás no volvería", agrega.
Pero en lugar de eso, lo destinaron a la instalación de electricidad en las caballerizas. Eso "me salvó la vida".
El hombre dormía además en antiguos alojamientos del entonces ejército alemán Wehrmacht, mientras que otros prisioneros estuvieron expuestos a temperaturas de 15 grados bajo cero. Muchos murieron.
- Marcha de la muerte -
"Por supuesto, sabíamos desde hacía tiempo que los rusos y los aliados estaban avanzando. Pero hay una gran diferencia entre 'están avanzando' y 'están aquí'", explica.
Pero un día, mientras los oficiales pasaban lista a los presos, escucharon un sonido nuevo --"artillería, cañones"-- y se dieron cuenta que los aliados estaban cerca.
"Nos miramos unos a otros y se hizo un silencio extraordinario", asegura.
En 1945, la Pascua cayó el 1º de abril. Ese día no trabajaron. Entonces les dijeron que iban a ser evacuados.
Les ordenaron marchar en columnas de 1.000 personas, sin conocer su destino final, a través de un paisaje montañoso.
"Lloviznaba (...) Caminamos así durante tres o cuatro días", describe.
Ohrdruf había sido peor que Buchenwald y los prisioneros estaban agotados, algunos "medio muertos". Cualquiera que cayera por el camino era fusilado.
Muchos perdieron la vida durante la marcha de la muerte, asegura Moalic.
"Llegamos a la estación de tren de Weimar y luego empezaron a subir hacia Buchenwald. Eran unos seis o siete kilómetros. Hubo 72 cadáveres", subraya.
- Liberación -
Los prisioneros llegaron a Buchenwald al anochecer.
"Nos contaron de cinco en cinco, según el procedimiento. Estábamos entre 3.000 y 4.000 en la plaza, al descubierto, sin nada", asegura.
Un hombre lo reconoció y lo llevó de vuelta al barracón 34. "Yo estaba cubierto de piojos".
Los estadounidenses se acercaban cada vez más.
"El 11 de abril, había mucho nerviosismo en el campo", describe Moalic.
Los prisioneros no sabían si los liberarían o los matarían.
"Los SS empezaron a vaciar el campo, barracón por barracón, y enviaban cada grupo a la estación de Weimar, donde les esperaban vagones asquerosos".
Los prisioneros que quedaban se prepararon para un posible combate. Pero "de repente, una unidad estadounidense llegó".
"Los SS no lucharon, prefirieron largarse. Unos minutos después, ya estábamos fuera", explica.
En un relato publicado en 1985, Moalic recordó un "hermoso día para los internos del campo de concentración de Buchenwald, el primer día hermoso desde 1937, cuando Heinrich Himmler lo inauguró".
A.O.Scott--AT