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Deforestación, sequía y urbanización destruyen "todo" en el oeste de Libia
Sentado a la sombra de jóvenes eucaliptos y laureles, Khalifa Ramadan prepara con amigos agrónomos una misión voluntaria para conservar la cubierta forestal del oeste de Libia, amenazada por años de sequía, deforestación y una urbanización acelerada.
Cada semana, el cincuentañero reúne una decena de agrónomos y horticultores para lanzar campañas de sensibilización en los medios o acciones en el terreno.
Quiere hacer frente "a los peligros que acechan Trípoli y las ciudades costeras en particular, donde la mano del hombre y factores naturales se han adueñado de los bosques" y de gran parte de la vegetación, explica a la AFP.
Con 40 años de experiencia en agricultura y horticultura en Libia, Ramadan fundó la asociación "Los amigos del árbol" para buscar con decenas de otros voluntarios soluciones a este fenómeno que amenaza los bosques del litoral occidental libio.
En su granja en Tajura, en la periferia este de Trípoli, su grupo prepara jóvenes plantas que han cultivado en sus invernaderos para plantarlos en "zonas donde la tala salvaje, el avance urbano y la sequía de los últimos años han destruido todo", explica.
Gracias al maná petrolero, Libia lanzó en los años 1950 y 1960 una amplia campaña para plantar bosques y sanear terrenos destinados a la agricultura, particularmente alrededor de Trípoli, acompañada de una regulación severa de la expansión urbana y una lucha contra la erosión y el avance del desierto.
A pesar de escasas precipitaciones y una ausencia de cursos de agua permanentes, Libia se caracteriza por una vegetación natural diversificada.
Pero este cinturón verde que bordea la costa mediterránea y que cubría 200 kilómetros entre Trípoli y Misrata, más al este, prácticamente ha desaparecido. Ahora ha quedado un paisaje de polvo y arena.
El caos institucional y de seguridad después de la caída del régimen de Muamar Gadafi en 2011 debilitó los organismos reguladores del Estado y relegó a un segundo plano la protección del medioambiente.
El "cinturón verde ha sido objeto de numerosas infracciones en los últimos años", dice a la AFP el general Faouzi Aboughalia, portavoz de la policía agrícola, que constata "1.700 casos penales".
- Sensibilizar -
En Garabulli (50 km al este de Trípoli), una zona conocida por sus playas de arena blanca y su densa vegetación de eucaliptos centenarios, acacias y mimosas, unos troncos talados yacen en el suelo cerca de unas ruinas de cabañas demolidas por orden judicial.
"Con la ayuda de otros servicios de seguridad, hemos puesto fin a estos actos criminales. Se han implementado células de seguridad para recuperar los terrenos usurpados", señala el general Aboughalia, celebrando el "éxito que ha permitido recuperar más de 8.000 hectáreas en beneficio del Ministerio de Agricultura".
Señala que sus hombres intentan impedir a "ciertos espíritus enfermos cortar árboles y hacer carbón" con ellos o apropiarse "ilegalmente" de los terrenos y construir "casas o estaciones balnearias".
Dotado de "modestos medios comparados con la magnitud de la tarea", el militar dice ser consciente de los desafíos que se plantean.
Para Abderrahmane Mohamad, otro voluntario de 65 años, además de la deforestación, la sequía representa otra amenaza grave para Libia con "una caída del nivel de las capas freáticas alrededor de Trípoli".
"Hace algunas décadas, el agua potable aparecía a 40 o 60 metros de profundidad. Ahora, hace falta cavar una profundidad de entre 100 y 160 metros", dice Mohamad, que también evoca la contaminación con agua salada de algunos pozos.
El aumento de temperaturas y la disminución de las precipitaciones de 500 a 300 mm/año, según datos oficiales, se vio acentuado por la tala salvaje de árboles y arbustos.
Para Khalifa Ramadan, la protección de la cobertura vegetal es primordial, pero sensibilizar a la opinión pública lo es todavía más.
"Hay que inculcar la cultura de la preservación de los árboles y animar a la gente a plantar para estabilizar el suelo, atemperar el clima, limpiar el aire y atraer a la lluvia", dice el agrónomo.
E.Hall--AT