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Agricultores de Europa del Este, molestos por la afluencia de granos ucranianos
Las semillas de girasol se amontonan en su granero sin encontrar comprador. La culpa es de la competencia, que vende a precios de saldo los cereales ucranianos, protesta Ángel Vukodinov, un agricultor búlgaro.
"No tenemos nada contra los ucranianos", pero la situación actual es insostenible y "la ayuda financiera que ofrece la Unión Europea para compensar nuestras pérdidas es una broma", dice a AFP este hombre sexagenario.
Desde Polonia hasta Rumanía, pasando por Eslovaquia y Hungría, miles de agricultores se oponen a la afluencia de trigo y otros productos alimenticios provenientes de Ucrania.
"Ya no salida" comercial, lamenta la gerente Danka Marincheshka, quien trabaja con Vukodinov en la granja familiar situada en Saedinenie, en el centro de Bulgaria.
"¿Dónde vamos a almacenar la nueva cosecha que viene?", dice preocupada.
- "Injusto" -
Este pequeño país, gran productor de aceite de girasol, recibió el año pasado unas 940.000 toneladas de semillas de Kiev, la mitad de lo que Ucrania exportó a la UE.
Rumanía ocupa el segundo lugar con casi 360.000 toneladas. A principios de abril, sus agricultores sacaron sus tractores para bloquear los puestos fronterizos, junto con sus homólogos búlgaros.
"El gobierno y las autoridades europeas han sido injustos con nosotros", reaccionó el sindicalista Florentin Bercu. "Contrariamente a sus promesas, una gran parte de los cereales que simplemente debían pasar por nuestro territorio, se han quedado estancados aquí".
En Polonia se vive la misma sensación de ira, agitada en las últimas semanas por las manifestaciones que provocaron la dimisión del Ministro de Agricultura.
A raíz de la invasión rusa, la Unión Europea suspendió en mayo de 2022, por un año, los aranceles sobre todos los productos importados de Ucrania.
Además, los veintisiete miembros de la Unión Europea se habían organizado para permitir que este país exportara sus existencias de cereales a África y Oriente Medio, a modo de "corredores de solidaridad" tras el cierre de las rutas marítimas por el Mar Negro.
Pero en lugar de un simple tránsito, los estados europeos vecinos han visto cómo se acumula el maíz o el trigo en su territorio, en un contexto de problemas logísticos.
"A nadie le ha importado lo que estaba pasando", dice Marin Iliev, quien representa a los productores de cereales en la región búlgara de Plovdiv. "Los pequeños arroyos se han convertido en grandes ríos y los precios se han derrumbado", resume.
- Millones de euros de ayuda -
Después de rondar los 870 euros por tonelada en marzo de 2022 tras la invasión de Ucrania, los precios del girasol ahora han caído a alrededor de 360 euros, lo que no permite cubrir los costos de producción, explica Iliev. A lo que se suma el hecho de que, al mismo tiempo, los precios de los fertilizantes se han disparado.
Sin embargo, para los expertos, los agricultores han caído en su propia trampa.
"¿Por qué no vendieron su cosecha antes? En 2022, se demoraron esperando precios aún más altos", acusa Nikolay Valkanov, del grupo de reflexión InteliAgro.
Por eso, sus clientes "lógicamente" decidieron recurrir a los cereales ucranianos que inundan el mercado.
"Nos convertimos en rehenes de una aristocracia de grandes operadores", critica el analista.
Ante el descontento, la Comisión Europea concedió una dotación inicial de 56,3 millones de euros para apoyar a los operadores más afectados, antes de proponer esta semana liberar 100 millones adicionales.
"Bruselas está tratando de contener la indignación pero persiste la incertidumbre", dijo Marin Iliev.
Efectivamente Sofía, Varsovia, Budapest y Bratislava prestaron ayuda a sus agricultores al prohibir unilateralmente todas las importaciones pero manteniendo la autorización de tránsito. Solo Bucarest se abstuvo de una medida tan drástica.
Todos piden una solución duradera a nivel de la UE, al tiempo que se llevan a cabo varias discusiones antes de que se produzca el martes la reunión de ministros de agricultura en Bruselas.
"Tan pronto como haya una propuesta concreta, el gobierno húngaro naturalmente estará listo para cambiar su posición", comentó el jueves Gergely Gulyas, jefe de gabinete del primer ministro Viktor Orban.
"Pero es inaceptable que el mercado interno sea destruido por los cereales ucranianos que se suponía que evitarían la hambruna en África", sentenció.
burx-ds/anb/bg/de/msr/avl
O.Ortiz--AT