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El estado alarmante del parque alemán de Sanssouci, por el cambio climático
El roble más viejo del parque de Sanssouci, en los alrededores del famoso palacio imperial prusiano de la ciudad alemana de Potsdam, sobrevivió a todo tipo de fenómeno meteorológico en sus 600 años de existencia, pero no pudo resistir los efectos del cambio climático.
"Podremos contemplarlo dos años más, después morirá", afirma Sven Hannemann, responsable de la gestión del parque, considerado, junto con el castillo, patrimonio mundial de la Unesco desde 1990.
En su época gloriosa, el follaje de este árbol, de seis metros de circunferencia, se esparcía por más de 500 metros cuadrados.
Hoy, por el contrario, se aprecia escasa vegetación en su copa.
"El 2018 fue un año seco, lo que supuso un verdadero golpe para el roble y para otros árboles del parque", explica Hannemann.
Además de la falta de agua, la llegada de dos especies de coleópteros, el pequeño capricornio y el escarabajo joya, le dio el golpe de gracia.
Estos insectos "devoran el cámbium", la capa protectora entre la corteza y la madera, "y sin cámbium, ningún árbol sobrevive. Por eso se está muriendo", deplora Hannemann.
- Un bosque "muy despoblado"
El viejo roble no es la única especie dañada del parque del palacio de estilo rococó, antigua residencia de verano de los reyes de Prusia, que atrae cerca de 300.000 turistas al año.
Tras la tempestad Xavier de 2017 y los años de sequía que siguieron, el parque perdió anualmente entre 180 y 300 árboles de todas las especies, el triple de lo que era habitual hasta entonces, explica un portavoz de la Fundación Prusiana de Palacios y Jardines Berlín-Brandeburgo.
Pese a que 2023 fue un año más húmedo, inclusive durante el verano, la humedad del suelo es escasa. Además, "cerca del 50% de los árboles están dañados, con poco follaje o con ramas caídas, algo que puede observarse en todos los parques de la fundación", expone.
El bosque del parque de Sanssouci está "muy despoblado", señala Hannemann. Esto se debe a que el nivel de cobertura forestal disminuyó drásticamente en los últimos años, con graves consecuencias. La muerte de árboles gigantes crea grandes claros en el bosque, lo que permite que los rayos ultravioletas quemen más fácilmente otros árboles.
- Apuesta por la evolución -
Los especímenes muertos pueden servir de hábitat a murciélagos o insectos durante varios años. Cuando la madera se pudre a tal punto que supone un peligro para los visitantes, se debe talarlos.
Los responsables del parque trataron de resolver este problema plantando árboles de la región mediterránea, más resistentes al calor.
"Los primeros resultados son prometedores", afirma Hannemann.
Su equipo también apuesta por la vegetación doméstica que "se adapta progresivamente" al cambio climático.
Para ilustrar sus propósitos, muestra brotes de roble cultivados a partir de bellotas extraídas de los árboles más robustos del parque.
En su apuesta por la evolución, Hannemann admite sin embargo que "pasarán décadas" antes de que nuevos árboles más fuertes llenen los vacíos dejados por los difuntos especímenes centenarios.
R.Lee--AT